HACER ES LA MEJOR MANERA DE DECIR


(A 140 años de la “Revista Venezolana”)

Por Gustavo Robreño Dolz

Entre los meses de Enero y Julio de 1881, los meses de presencia física de José Martí entre los hijos de Bolívar, el ensayista, poeta y luchador cubano tuvo tiempo, entre otras cosas, para poner en circulación los dos primeros números de la “Revista Venezolana”.

Allí recogió no solo su preocupación por las letras y por la política iberoamericana, sino agregó la de los pensadores  de su tiempo.  Su rápido e intenso vínculo con la clase  intelectual venezolana  de aquellos años, dejó una huella profunda que se mantuvo  por muchos años, después de su retirada de Venezuela. Y la Revista Venezolana permaneció como una luz perenne en la cultura venezolana, a tal punto que en más de un siglo transcurrido desde su publicación, se hicieron dos reediciones, una de ellas facsímil, que perpetuaron entre nosotros el pensamiento y la acción martiana…”

El 1 de Julio de 1881 inició la publicación en Caracas de la Revista Venezolana, bajo inspiración y dirección de José Martí. En su primera página, con el título de Propósitos, aparece una importante nota introductoria cuyo primer párrafo dice textualmente: “Extraña a todo género de prejuicios, enamorada de todo mérito verdadero, aflijida de toda tarea inútil, pagada de toda obra grandiosa, La Revista Venezolana sale a la luz. Nace del afecto vehemente que a su autor inspira el pueblo en que la crea; va encaminada a levantar su fama, publicar su hermosura y promover su beneficio. No hace profesión de fe sino de amor. No se anuncia tampoco bulliciosamente. Hacer es la mejor manera de decir…”

Este Aniversario 140 de una fecha tan entrañable como señera y fundamental para las relaciones históricas y humanas entre pueblos muy cercanos cual son el cubano y el venezolano, no puede pasar inadvertido y tiene que ser savia y nutriente para la épica y heroica lucha actual, la que ambos pueblos siguen librando por la dignidad y el decoro patrios, por la independencia plena y verdadera, la decencia y la justicia.

Hoy posiblemente más unidos que nunca antes, amenazados, agredidos y bloqueados por un mismo enemigo cruel y despiadado, cubanos y venezolanos buscan y hallan en la historia común, – en Bolívar y Martí, en Fidel y Chávez,- loa necesaria fortaleza para encarar estos tiempos y conducirnos a la victoria.

La estancia de Martí en Venezuela, fue relativamente breve (siete meses) y en la histórica Caracas fue intensa y fecunda, constituyendo un capítulo de cardinal importancia en su vida literaria, la relación con el modernismo y, en fin, su vinculación con la intelectualidad del país, donde creció su amistad con Cecilio Acosta, Arístides Rojas, Agustín Aveledo, Eloy Escobar, Gillermo Tell Villegas y Diego Jugo Ramírez.

Allí hizo extraordinarias contribuciones también a la oratoria y al periodismo; introdujo en Venezuela la convergencia entre periodismo y literatura y marcó un cambio de época con sus artículos, crónicas y ensayos en La Opinión Nacional, donde se destacaron la Sección Constante y las Crónicas desde Nueva York.

El discurso del 21 de Marzo de 1881 en el Club de Comercio de Caracas, según el estudioso martiano Alberto Rodríguez Carucci, tuvo “un efecto contundente”, y el reconocido historiador venezolano Gonzalo  Picón Fabres relató: “Concurrieron al acto casi todos los hombres de letras de Caracas, la juventud universitaria y una gran masa del pueblo, y el triunfo de Martí fue extraordinario, yo puedo decirlo con certeza porque lo presencié…”

Las relaciones de Martí se ampliaron igualmente a la docencia y la filosofía. Fue profesor de un selecto grupo de profesionales jóvenes como José Gil Fortoul, César Zumeta, Luis López Méndez, Pedro César Dominico, Lisandro Alvarado, Pedro Mario Brito y Picón Febres.  Pedro Pablo Rodríguez, investigador titular del Centro de Estudios Martianos, lo describe así: “Esa juventud de los días de estancia martiana, educada sistemáticamente en los preceptos del liberalismo político y del cientificismo positivista, se interesaría por el estudio de la historia y de algunos problemas nacionales, buscaría nuevas formas de expresión literarias, rompiendo con los epígonos románticos y trataría de asentar en su tierra bravía los ideales de progreso expuestos en las obras de Compte y Spencer”.

Todos estos antecedentes son necesarios conocer para llegar a la iniciativa del Apóstol en cuanto a editar  La Revista Venezolana, -algo parecido a la que ya había esbozado en Guatemala pero no fructificó entonces,- así como es necesario conocer las ideas fundacionales que, desde un principio, lo enfrentaron a la que Rodríguez Carucci califica como “intelectualidad afecta al guzmanismo, a la que Martí consideraba como nuevamente contemplativa de la naturaleza, reblandecida y aquejada de sentimentalismo, como todo pensamiento encaminado a mermar de su tamaño de portento nuestro pasado milagroso”

La Revista Venezolana “viene a dar aposento a toda obra de letras que haga relación visible, directa y saludable con la historia, poesía, arte, costumbres, familias, lenguas, tradiciones, culturas, tráficos e industrias venezolanas. Quien dice Venezuela dice América…”.

El segundo y último número de la publicación apareció el 1 de julio de1881, donde Martí escribe como editorial, bajo el rubro de “El carácter de la Revista Venezolana” una vibrante defensa de su proyecto literario-periodístico, denuncia “interesados juicios” y la califica como  “la obra de amor, que ha hallado siempre muchos enemigos”.

Esa edición, que a la larga resultaría postrera, recoge en las páginas las obras de muchos venezolanos ilustres y respetados como Cecilio Acosta, Arístides Rojas, Guillermo Villegas, Eloy Escobar, Eduardo Blanco y Diego Jugo, entre otros. Son numerosos los historiadores e investigadores que atribuyen el abrupto fin de la publicación y el consiguiente regreso de Martí a Nueva York a la aparición del artículo necrológico escrito por este con motivo del fallecimiento de Cecilio Acosta, opositor relevante del dictador Antonio Guzmán Blanco, y que  causara la indignación y furia del mandatario.

No obstante, el mencionado historiador venezolano Rodríguez Carucci ha expuesto y escrito al respecto: “En cuanto a las causas que determinaron su salida del país  también se ha especulado, aduciendo razones fundamentalmente políticas, que habrían consistido en presiones del régimen de Guzmán, de las cuales tampoco se tiene pruebas fehacientes”.

Con apenas 27 años, desembarcó en La Guaira el 20 de Enero, tras doce días de travesía  procedente de Nueva York, tras escalas en Puerto Cabello y Curazao, en el vapor “Felicia” y siguió por tierra a la capital caraqueña, un trayecto entonces azaroso, donde se celebraba ese día el carnaval.

Todos los estudiosos e investigadores martianos coinciden en que la estancia del Apóstol en Venezuela constituye uno de los capítulos más importantes de su vida política y literaria; de su formación como ideólogo, líder y prócer americano de resonancia universal.

No es casual que el propio Apóstol sentenciara para todos los tiempos: “De América soy hijo: a ella me debo, Y de la América a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, Venezuela es la cuna”.

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